La realidad del trabajo social en la actualidad.

¿Dónde interviene un trabajador/a social? ¿Cómo lo hace? ¿A qué niveles? Son preguntas que como profesionales se supone que conocemos a la perfección, así lo estudiamos en la universidad. Pero lo vamos olvidando presas de la sociedad en la que nos desenvolvemos. Salimos de la universidad con ganas de trabajar, de cambiar el mundo, de aplicar todo lo que hemos aprendido, pero la realidad es otra. Nos encontramos con áreas de intervención muy marcadas, centradas en determinados colectivos, con líneas de trabajo delimitadas y dependientes de subvenciones. Es decir, que en muchas ocasiones como trabajemos, dónde lo hagamos y con quién lo hagamos, dependerá de lo que las subvenciones públicas y privadas digan. Estas, en muchas ocasiones dependerán de las políticas sociales del momento, que dependerán de las “situaciones de crisis” actuales, de las demandas realizadas y como no, de intereses políticos. Resumiendo, nuestra intervención estará fuertemente marcada por agentes externos, eso sí, dentro de las teorías y prácticas de la profesión. Lo que vengo a decir es que, ejerceremos como trabajadores/as sociales aplicando lo aprendido de la mejor manera que “podamos” o nos dejen.

El ejercicio profesional se puede desarrollar tanto en el sector público, como privado, pero las cifras hablan claro. Según una encuesta realizada por la Universidad de Chile en 2018, 96% de los profesionales ejercen dentro de la administración pública (80% en servicios sociales, 10% en sanidad, 3% en justicia y otro 3% en educación), solo un 4% ejercen en entidades privadas o de forma libre. Es lógico que al encontrarnos en un “Estado de Bienestar social”, donde es el propio Estado quien debe garantizar los derechos sociales a sus ciudadanos/as, la mayor parte del trabajo se realice dentro de las administraciones públicas.  El problema surge cuando son los gobiernos, con sus políticos y políticas, quienes determinar cómo, cuándo y con quién intervenir, en vez de los propios profesionales que están al pie del cañón.  Ellos dicen que, en base a cifras anuales, pero la realidad es otra. Eligen, distribuyen y selecciona según intereses políticos, sin apenas centrarse en las personas y sus realidades. Según mi parecer el trabajo social debe estar respaldado por políticas sociales que garanticen los derechos sociales, pero estas deben estar elaboradas y gestionadas por los/as propios/as profesionales, sin que los intereses políticos intervengan, dando respuesta a las necesidades a la misma vez que se genera el cambio social.

Podemos seguir diciendo que, debido a lo mencionado anteriormente, nuestras acciones se suelen centrar en la atención a necesidades y no tanto en el bienestar social. Solemos atender necesidades primarias o básicas, pero nos olvidamos de educar, de concienciar, de promover el cambio social. Si queremos algo nuevo debemos dejar de hacer siempre lo mismo, no podemos cambiar algo, si respondemos siempre igual. Es verdad, que soy un poco tremendista, pues si se hacen campañas de concienciación y de educación, pero solo en lo que interesa o en lo que no supone un gran cambio para los poderes públicos. No se habla de educar en economía familiar y social, no conocemos lo que es la responsabilidad social individual y empresarial… Con esto quiero mostrar que, aunque estudiamos trabajo social comunitario, nos dejan centrarnos solo en individuos y grupos, volvemos a lo mismo, a demandas especificas de necesidad, creadas por la comunidad. Somos seres que vivimos en comunidad y lo que yo haga afectara a todos/as, pero mientras para mí no sea negativo no intervendré, esta es la conciencia social que nos han enseñado, en la que nos encontramos. A todos nos molesta que nos suban los impuestos, pero solo me quejo, no hago nada, no actuó. Con esta conciencia no se genera el cambio social. Si miramos a lo lago de la historia, los cambios sociales llegaron después de que la comunidad se uniera, actuara, tras un malestar común. Pero bien es verdad que nos han convertido en seres egoístas y han sabido como hacerlo. Tenemos mas herramientas para lograr el cambio disponemos de mas información, pero han sabido como desviar la atención de las masas (tema que tratare más adelante)

Creo que este tema es bastante extenso para ser tratado en unas pocas palabras, lo que yo quiero con esto es que las personas que lo lean generen un pensamiento que motive al cambio, cuestionándose el hecho de que somos cabras y no pastores.

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La vision del trabajador social como persona.

Siempre quise ser trabajadora social y entorno a ello, mientras decía lo que quería ser y tras serlo, no dejé de escuchar una gran cantidad de sandeces al respecto, que solo buscaban hacerme encajar en un estereotipo.

Cuando imaginamos a un/a estudiante de trabajo social, pensamos en dos vertientes. El/la “Hippie”, “powerflower”, con pensamientos utópicos, o en la típica persona buenaza e ingenua. Y que decir cuando nos imaginan en el despacho…, en su mayoría mujeres amargadas viejas, y asqueadas de la vida (profesión asociada al género femenino). Como decía, nos encasillan, pero eso no es lo peor, lo peor es que aún no se entiende la profesión como movilizadora del cambio social.

Creo que la imagen del/a profesional del trabajo social, mucho tiene que ver con la visión externa (de la comunidad) e interna (propios/as profesionales). La imagen que los/as propios/as profesionales proyectan de si mismos/as en función del área de intervención en la que trabajen y con ello las relaciones que establecen con los/as beneficiarios/as y el resto de profesionales, ayuda a crear la visión que tendrá la comunidad. Cada vez más nos encontramos más delimitadas las áreas de intervención en Trabajo social, aunque estas son bastantes amplias, las actuaciones solo se dan en sectores que se consideran prioritarios y en atenciones individualizadas, olvidando la prevención, la investigación, y en menor medida las intervenciones grupales y comunitarias. Además, estas intervenciones individuales se vuelven penosamente rutinarias y limitadas a unos escasos recursos, lo que hace que los/as propios/as profesionales se frustren al ver limitado su trabajo. Esta monotonía y frustración genera un acomodamiento por parte del/a profesional o un inconformismo que se traduce en rebeldía,  fácil de percibir por otros/as profesionales y por los propios/as beneficiarios/as, generando así una visión estereotipada del trabajador social (“Teresa de Calcuta” o el/ la “amargado/a”)

Por otra parte, la comunidad creara su propia idea en función del momento histórico en el que nos encontremos, las políticas sociales que se den, la cultura en la que se desarrollen y las relaciones que se establecen con dichos profesionales. Nos encontramos tristemente y según mi parecer con políticas sociales de “parche” que lo que hacen es solventar el problema inmediato, en vez de prevenir y centrarse en la raíz del mismo, lo que hace que tengamos siempre a los/as  mismos/as usuarios/as en el despacho, las mismas dificultades, las mismas opiniones. La cultura y costumbres de la comunidad donde se realizan las intervenciones, también tiene mucho que decir sobre los/as profesionales. Nos encontramos en una comunidad “desarrollada” en donde se entiende que acudir al trabajador/a social es solo para personas vulnerables, donde los servicios se centran en áreas de inmigración, infancia, personas mayores, discapacitados, víctimas de violencia de género y pobres sin recursos económicos. Y encima, nos encontramos en un momento donde la información más que informar desinforma y hace creer al mundo que tiene todo tipo de derechos y ninguna obligación, exigiendo sin saber que quiere o necesita.

Todo ello hace que la visión del/a profesional se distorsione, pues en su mayoría proviene solo de un segmento concreto de población. Población en su mayoría usuaria de los servicios que se prestan, en ocasiones desconformes o desilusionados con los resultados obtenidos.  El resto de población desconocen las funciones de los/as trabajadores/as sociales, o si las conocen solo las enmarcan en lo de siempre, sectores desfavorecidos, Y yo digo… “que fácil sería cambiar esta visión”, si entendiéramos “El trabajo social como una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son fundamentales para el trabajo social. Respaldada por las teorías del trabajo social, las ciencias sociales, las humanidades y los conocimientos indígenas, el trabajo social involucra a las personas y las estructuras para hacer frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar”, como bien define la Federación Internacional del Trabajo Social (2014). Conceptos que ni la población asocia a lxs profesionales y que muchxs profesionales olvidan en la trayectoria de su hacer.

Además de todo lo dicho, hay que incluir los juicios de valor de la gente con respecto a los gustos del/a profesional, su poder adquisitivo, su aspecto físico… se ve mal que poseas dinero, vistas bien, tengas un gran coche, una bonita casa…. Vamos, que ser trabajador/a social está reñido con “tener dinero”,” cuidarse físicamente”, “proyectar una buena imagen personal”… Frase típica: “Si ayudas a los pobres y más necesitados no puedes mostrar abundancia, ¿qué dirá eso de ti?” Yo, personalmente creo, que una cosa no tienen que ver con la otra. Y eso es lo que quiero expresar. Me hice trabajadora social,  porque quería, como bien dice Mafalda: “Curar este mundo enfermo.” Pero para ello, yo debo estar sana, saber lo quiero y luchar por lograrlo. Y repito curar el mundo enfermo no solo algunos países o regiones.

Me podría tirar varias hojas hablando del tema y matizándolo mucho más, pero solo quería dar unas pequeñas pinceladas de un pensamiento que me hizo ver la profesión desde otro punto de vista, que me hizo entender que ser trabajadora social no significa ser de una u otra forma, que me hizo plantearme por qué en muchas ocasiones hemos vuelto a una atención asistencialista, que me hizo querer cambiar mi forma de ejercer, que me ha llevado a donde estoy hoy y que me llevara más lejos mañana.